Milei le entrega a Amazon y Google las bases de datos del Estado argentino
Especialistas advierten sobre el crecimiento del uso de nubes privadas por parte de organismos públicos. Por Gonzalo Castillo. La creciente utilización de servicios de computación en la nube de empresas como Amazon Web Services (AWS), Google Cloud, Microsoft Azure y Oracle por parte de organismos públicos abrió un debate que excede lo tecnológico y se instala en el terreno de la soberanía digital. Mientras distintas dependencias estatales recurren a estos proveedores para almacenamiento, procesamiento de datos, respaldo e infraestructura informática, especialistas consultados coinciden en que Argentina carece de una política que establezca qué información estratégica debe permanecer bajo control estatal y bajo qué condiciones puede alojarse en plataformas privadas.
El presidente de Integracom y secretario de Tecnología de APYME, Mariano
Goñi, sostuvo que desde 2017 el Estado argentino viene firmando
acuerdos y contratando servicios de nube con esas compañías, tanto para
capacitación como para almacenamiento, procesamiento de datos, respaldo y
centros de datos. Sin embargo, advirtió que no existe un mapa público
que permita conocer con precisión qué organismos utilizan estos
servicios, qué datos almacenan, en qué país se encuentran físicamente ni
qué ocurre con esa información ante un conflicto judicial, una
filtración o la finalización de los contratos. Hasta ahora no hay
pruebas de que las bases centrales de ARCA, RENAPER o ANSES estén
íntegramente en una nube extranjera. Pero sí sabemos que distintos
organismos utilizan proveedores privados para infraestructura, software,
almacenamiento, biometría, respaldo, conectividad y soporte, explicó
Goñi. Entre los datos potencialmente involucrados aparecen registros
tributarios y patrimoniales, información de identidad, fotografías y
biometría, domicilios, movimientos migratorios, prestaciones sociales,
registros sanitarios, producción agropecuaria y operaciones de comercio
exterior. Para el especialista, el problema no pasa por rechazar la
tecnología desarrollada por empresas extranjeras, sino por la ausencia
de una estrategia de soberanía digital. Una parte muy importante de los
sistemas públicos podría manejarse dentro de la órbita estatal mediante
el datacenter de ARSAT, afirmó. En ese sentido, explicó que la empresa
pública puede ofrecer servidores, almacenamiento, copias de seguridad,
nube privada, redes seguras, monitoreo y centros de contingencia para
organismos nacionales.
A su juicio, portales públicos, aplicaciones,
expedientes electrónicos, bases administrativas, registros sanitarios y
productivos e incluso respaldos de sistemas críticos podrían alojarse
bajo infraestructura estatal. Los sistemas más complejos, como las
grandes bases tributarias de ARCA, la biometría de RENAPER o los
mainframes de ANSES, requerirían una migración gradual, aunque podrían
contar con respaldo y contingencia dentro de infraestructura pública.
"El problema principal no parece ser la falta de capacidad estatal, sino
la ausencia de una política clara y obligatoria que defina qué datos
deben permanecer bajo control estatal y en qué condiciones puede
contratarse una nube extranjera", resumió.
Desde la Fundación Vía
Libre, la responsable de Políticas Públicas, Margarita Trovato, puso el
foco en otro aspecto del problema: la jurisdicción bajo la cual quedan
los datos cuando se alojan en servidores ubicados fuera del país.
"Cuando los datos están alojados en servidores de otros países dejan de
regirse exclusivamente por la legislación argentina y quedan sujetos a
otras jurisdicciones", explicó a LPO. Según señaló, además de los
riesgos propios del tratamiento de datos personales, el Estado pierde
capacidad para controlar quién accede a esa información, cómo se audita
su utilización y qué mecanismos existen para exigir responsabilidades
ante un eventual incidente.
La especialista recordó que la
legislación argentina establece criterios para las transferencias
internacionales de datos personales, aunque advirtió que existen
excepciones que terminan debilitando esas garantías. "Hoy no hay
controles activos ni robustos sobre estas cuestiones", afirmó. También
sostuvo que Estados Unidos carece de una ley federal integral de
protección de datos personales, lo que agrega incertidumbre cuando la
información queda alcanzada por normativas de ese país.
Otro de los
riesgos señalados por Trovato es el denominado vendor lock-in, la
dependencia tecnológica que se genera cuando una organización concentra
buena parte de sus sistemas en un único proveedor. "Después cuesta mucho
salir por cuestiones de precio, compatibilidad y dependencia
tecnológica", resumió. Además, remarcó que no toda la información
pública tiene el mismo nivel de sensibilidad. "Hay datos, como los
biométricos, que no deberían alojarse en jurisdicciones que no ofrecen
el mismo nivel de protección", sostuvo.
Hay una pérdida de control sobre la información estatal y el posible acceso de terceros a datos sensibles y confidenciales
Una
mirada complementaria aportó Lucía Camacho, coordinadora de Políticas
Públicas de Derechos Digitales, quien advirtió sobre la creciente
concentración de la infraestructura digital en un pequeño grupo de
corporaciones tecnológicas. "La infraestructura tecnológica necesita una
colaboración equilibrada entre actores públicos y privados, pero en
nuestra región existe una concentración muy alta en un puñado de
empresas transnacionales".
Según Camacho, esa concentración genera
riesgos que van más allá de lo tecnológico. "Hay una pérdida de control
sobre la información estatal y el posible acceso de terceros a datos
sensibles y confidenciales", advirtió. En ese sentido, alertó que la
dependencia de centros de datos extranjeros se produce en un contexto
geopolítico donde las grandes plataformas responden a legislaciones y
decisiones de otros países.
La especialista también cuestionó la
falta de transparencia sobre el funcionamiento de esa infraestructura.
"Los Estados deben robustecer las políticas para garantizar la soberanía
sobre el almacenamiento de los datos y que esa infraestructura cumpla
con criterios de transparencia, seguridad y protección", señaló. Además,
sostuvo que resulta necesario desarrollar infraestructura propia para
reducir la dependencia de un puñado de proveedores globales.
Las tres
fuentes coinciden en un punto central: la discusión no pasa por excluir
a empresas como Amazon, Google o Microsoft de la modernización
tecnológica del Estado. El verdadero debate consiste en definir una
política pública que establezca qué información constituye un activo
estratégico, qué grado de protección requiere y bajo qué condiciones
puede quedar alojada en infraestructura privada. Mientras esa definición
siga ausente, advierten, la dependencia tecnológica continuará
creciendo sin un marco claro sobre el control y la soberanía de los
datos públicos.










