Una locura ilegal y un despropósito
Una locura ilegal y un despropósito: advierten sobre el peligro de la desregulación de la IA
Sebastián Di Doménica, especialista en inteligencia artificial, advirtió sobre riesgos legales, económicos y tecnológicos, y sostuvo que la estrategia oficial podría favorecer a las grandes corporaciones extranjeras en detrimento del desarrollo nacional. La publicación de una columna firmada por el presidente Javier Milei y el ministro Federico Sturzenegger en el Financial Times reavivó el debate sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA) en la Argentina.
Allí, ambos funcionarios defendieron la idea de convertir al país en un
polo global para el desarrollo de esta tecnología mediante una fuerte
desregulación estatal, beneficios fiscales para las empresas y nuevas
formas societarias vinculadas a sistemas automatizados. Para el
periodista, docente universitario y especialista en inteligencia
artificial Sebastián Di Doménica, autor del libro “Inteligencia
artificial y realidades fantásticas por vivir”, la propuesta oficial no
sólo es equivocada sino que además avanza en sentido contrario a las
tendencias internacionales. “Es un muestrario de todo lo que no se debe
hacer con relación a la inteligencia artificial”, afirmó en diálogo con
David Cufré y el equipo de De haberlo sabido por Radio 750. Según
explicó, los tres ejes planteados por el Gobierno -cero regulación,
corporaciones no humanas y beneficios impositivos para las grandes
tecnológicas- presentan problemas de fondo.
“Coincido con quienes
sienten preocupación. Me parece una locura ilegal y un despropósito. Es
absolutamente inconstitucional e ilegal desde distintos puntos de vista
del derecho civil y societario”, sostuvo.
La discusión sobre las “corporaciones no humanas”
Uno
de los aspectos que más cuestionó Di Doménica es la posibilidad de
habilitar sociedades administradas por sistemas de inteligencia
artificial o robots. En este marco, recordó que el derecho argentino
establece con claridad la responsabilidad de las personas físicas o
jurídicas frente a posibles daños.
“Cuando uno inscribe una sociedad
tiene que identificar responsables, patrimonio y obligaciones. Una
inteligencia artificial o un robot son considerados cosas. Y el dueño
siempre es responsable por una cosa. Si se vuelve difusa la figura del
responsable, también se vuelve difusa la posibilidad de exigir
responsabilidades”, explicó.
A su entender, la iniciativa genera una
peligrosa zona gris jurídica en la que podría resultar difícil
determinar quién responde ante daños, fraudes o incumplimientos.
El mundo avanza hacia más regulación, no menos
Di
Doménica señaló que la principal contradicción de la propuesta oficial
es que choca con el rumbo que están tomando las principales potencias y
organismos internacionales. “Todas las tecnologías con capacidad de
generar riesgos requieren regulación. Ocurre con la energía nuclear, con
la aviación y debe ocurrir también con la inteligencia artificial”,
afirmó.
Como ejemplo mencionó la legislación aprobada por la Unión
Europea, basada en la evaluación de riesgos de cada sistema, así como
los recientes llamados del Vaticano para avanzar hacia una regulación
global.
“La encíclica publicada recientemente reclama justamente una
regulación internacional frente a los riesgos que genera la inteligencia
artificial”, recordó.
También destacó el cambio de postura
registrado en Estados Unidos. Si bien el presidente Donald Trump había
llegado al poder impulsando una política favorable a la desregulación
tecnológica, recientemente volvió a implementar mecanismos de
supervisión estatal sobre nuevos desarrollos de inteligencia artificial.
“Trump
redujo algunos plazos respecto de las medidas impulsadas por Joe Biden,
pero mantuvo la idea de que determinados sistemas deben ser evaluados
por el Estado antes de ser lanzados”, explicó. La decisión se produjo
luego de que aparecieran herramientas capaces de detectar
vulnerabilidades en sistemas informáticos con una eficacia inédita.
“Una
tecnología que puede encontrar fallas también puede ser utilizada por
hackers o grupos criminales. Cuando aparecen estos riesgos, incluso
quienes defendían la desregulación vuelven a plantear controles”,
señaló.
El riesgo de favorecer a los gigantes tecnológicos
Para Di
Doménica, la propuesta de Milei tampoco contribuiría a desarrollar una
industria nacional de inteligencia artificial. “Si se les da vía libre a
las grandes corporaciones tecnológicas sin regulación ni controles,
terminan ocupando todo el mercado y no queda espacio para que crezcan
emprendimientos locales o startups argentinas”, advirtió.
Por el
contrario, sostuvo que un verdadero plan para convertir a la Argentina
en un actor relevante del sector debería apoyarse en la inversión
pública en ciencia, tecnología y educación.
“Si realmente se quiere
que el país sea un hub de inteligencia artificial hay que hacer
exactamente lo contrario: invertir en universidades, en investigación,
en infraestructura, en capacitación y en la articulación entre el sector
público, privado y académico”, afirmó.
En ese sentido, destacó que
la Argentina ya cuenta con capacidades tecnológicas de alto nivel,
desarrolladas en gran medida por universidades públicas y organismos
estatales.
“El país tiene un entramado científico y tecnológico muy
importante y con enorme potencial. Lo que falta es fortalecerlo, no
abandonarlo”, sostuvo.
La polémica por los data centers
El
especialista también cuestionó la posibilidad de atraer grandes centros
de datos internacionales como eje de una estrategia de desarrollo. En
este marco, criticó el proyecto Stargate, vinculado a la eventual
instalación de infraestructura tecnológica de gran escala en la
Patagonia. “Los data centers consumen enormes cantidades de energía y
agua. Por eso están siendo cuestionados en muchas partes del mundo”,
explicó.
“Convertir a la Argentina en un lugar donde se instalen data
centers no significa transformarla en una potencia de inteligencia
artificial. Es exactamente lo contrario de lo que habría que hacer para
construir capacidades propias”, concluyó.










