PERSONERÍA JURÍDICA MATRÍCULA 32264
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"El futuro en España es peor al que imaginábamos hace diez años"

http://arbia.com.ar/imagenes/moscoco.jpg"El futuro en España es peor al que imaginábamos hace diez años"
Ex diputado del PSOE, fue vocero económico de Pedro Sánchez y Rodríguez Zapatero. Analiza la compleja situación de Europa con el ascenso de la extrema derecha.
Por Ignacio Fidanza (Madrid)28/10/2018 LPO

Juan Moscoso del Prado es doctor en economía y fue tres veces diputado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que acaba de regresar al gobierno de España de la mano de Pedro Sánchez, de quien fue vocero económico. Con un sólido bagaje político y académico, hoy ocupa el cargo de director de Relaciones Internacionales del mítico Consejo Económico y Social (CES) que surgió de los Pactos de la Moncloa, para coordinar medidas macroeconómicas con empresarios y sindicatos.

Hiperactivo, Moscoso espera a LPO en la puerta del CES en pleno centro de Madrid y propone ir al bar del otro lado de la calle para hacer la entrevista. Mala idea: Es mediodía y el bullicio obliga a hablar a los gritos. Pero nos arreglamos. La charla se impone y a fuerza de datos, Moscoso intenta trazar un futuro posible para el gobierno de Sánchez que acaba de presentar al Congreso -en alianza con Podemos- el Presupuesto más progresista en años, provocando las previsibles advertencias de catástrofe de la atomizada derecha española.
¿Que tan rigurosas son las advertencias de los líderes de la derecha, como Pablo Casado del Partido Popular, sobre los riesgos que entrañan para la economía española el presupuesto que presentó Pedro Sánchez?
El presupuesto tiene dos grandes flancos que considerar: Por un lado, el político; y es que se necesita de una mayoría parlamentaria suficiente para su aprobación, que yo creo que se va a conseguir, porque hay una mayoría social que desea que salga adelante un presupuesto que rectifique lo ocurrido en los últimos años en materia de austeridad y recortes sociales. Y luego también tiene un componente económico en cuanto a su contenido ya que refleja las dificultades que un gobierno de izquierda tiene que afrontar hoy en día.
¿Cuales serían esas dificultades?
En primera instancia, palear los daños que produjeron tanto la crisis como los años de gobierno de la derecha -recuperar gasto social, partidas que fueron muy maltratadas- y esto exige recursos y a la vez cumplir compromisos con Europa. Y al mismo tiempo exige compaginar ese gasto con las medidas que hacen falta a medio y largo plazo, de inversión, de transformación de modelos productivos, medidas para luchar contra el cambio climático, que son medidas que el ciudadano no va a ver de forma inmediata, pero que son fundamentales para poder garantizar el bienestar y la generación de empleo de calidad.
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¿Le parece un presupuesto realista? ¿Qué hay de las observaciones que ya hizo la Comisión Europea por la desviación del déficit establecido?
Me parece realista, sí. Y la carta con observaciones es un procedimiento habitual. De hecho, algunos de los ingresos que se plantean requieren reformas legales y la Comisión hace bien en pedir aclaraciones para conocer mejor cuáles van a ser estas reformas y cómo.
Tenemos que tener presente que este es un gobierno que comenzó en junio y es un gobierno inédito, que no tiene mayoría parlamentaria suficiente porque el partido que lo sustenta tiene 84 diputados y el ejercicio de elaborar un presupuesto con tan pocos diputados es nuevo. Hay que darle una oportunidad.
En algunos diarios económicos mencionaban que la medida de subir a 900 euros el salario mínimo pone en riesgo unos 140.000 empleos. ¿Esto es así
No, no creo que sea así. Para nada. La suba del salario mínimo es una medida clara para reducir la pobreza, que en España supera el 22%. Hay trabajadores con empleos precarios que aunque estén ocupados con salarios muy bajos viven en situaciones de pobreza familiar, porque tienen familiares a cargo, hijos, dependientes, porque hay un problema de vivienda muy grave por los elevados precios y porque tenemos un nivel salarial más bajo que el de la media europea. Para poner un ejemplo: En España el salario mínimo actual es de 840 euros y en Francia de 1460 euros.
Podemos está asumiendo de manera dramática la realidad, somos una democracia con un sistema de economía social de mercado. La única manera de gobierno es desde las instituciones y con medidas que apruebe el Parlamento.
¿Cómo ve esta integración política que se va gestando en los hechos con la negociación del Presupuesto entre Podemos y el PSOE? En términos económicos, ¿Es un corrimiento del PSOE a la izquierda o de Podemos al centroderecha?
Yo creo que Podemos está asumiendo dramáticamente la realidad. Somos una democracia con un sistema de economía social de mercado que se gobierna desde las instituciones. La única manera de gobierno es desde las instituciones con medidas que el Parlamento apruebe.
Si consideramos la realidad española y la comparamos con lo que ocurre en los demás países de la Unión Europea, España sigue por debajo de la media europea en presión fiscal, en progresividad fiscal, en recaudación y también en gasto de bienestar. De modo que no estamos haciendo nada que no haya ocurrido en la Unión Europea, en Holanda, en Francia, en Alemania, en Bélgica, hace diez años o más. De modo que hay que desdramatizar y quitarle el tono dramático con el que la derecha nos está respondiendo.
Otra cosa es la discusión de la senda, es decir si esta homologación con Europa hay que hacerla en dos años, en cuatro o en seis. De hecho, el programa socialista para gobernar en solitario ya hablaba de una convergencia y de un aumento del gasto fiscal, convergencia por la vía de los ingresos como del gasto.
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Desde el exterior a Rajoy se lo ve como la persona que encabezó un ajuste durísimo, pero también como el responsable de estabilizar la macroeconomía española y generar una leve recuperación. ¿Cómo ve usted ese proceso?
Hay que mirar bien lo que pasó. España entre 2008 y 2015 destruyó el diez por ciento de su producto interno bruto y no recuperamos el PIB de 2008 hasta este invierno. Esto fue producto de la crisis y del ajuste posterior. De modo que tuvimos una curva, luego un bache y el producto bruto de 2008 lo hemos recuperado este año, pero este diez por ciento supuso la destrucción de tres millones de empleos, que aún no se han recuperado. De un país en el que había más de 20 millones de empleados por cuenta ajena, asalariados, bajamos a casi 17 millones. Y aunque recuperamos el producto, no hemos recuperado el empleo que teníamos antes, tenemos casi un millón menos.
¿Y qué ha pasado? Que esos 3 millones de empleos eran de mucha mejor calidad que los empleos que se han generado ahora. Se destruyó empleo bien remunerado con contratos de duración indefinida, estable, de altas características contractuales. Y el empleo que lo ha reemplazado es precario, temporal, de salarios muy bajos y que, si bien a muchas personas les ha permitido volver al mercado de trabajo, lo han hecho en condiciones mucho peores a las anteriores. Y los jóvenes que entraron por primera vez al mercado, lo han hecho en condiciones muy inferiores.
¿No se trata acaso de un proceso global, que implica la progresiva destrucción de lo que fue el Estado de Bienestar? A Obama también se lo criticaba por lo mismo, por la baja calidad de los empleos que su administración generaba.
Pero es que en Estados Unidos no se ha destruido producto bruto y aquí sí y un diez por ciento. Por eso decía al principio que un presupuesto tiene que compaginar dos tipos de medidas: las que buscan compensar lo perdido y proteger a las personas y garantizarles la igualdad de oportunidades; y luego también en el medio y largo plazo. Tiene que pensar qué es lo que hay que hacer para que una economía como la española, que es la cuarta de zona euro y décimo octava del mundo, pueda volver a generar empleo de calidad que le permita a los ciudadanos un proyecto de vida digno, porque ahora no lo está haciendo. Esto exige también invertir en educación, en ciencia, en infraestructura, ayudar a la industria. Y es lo que hay que compaginar con el gasto corriente directo, que es transferencias. Y esto es lo que no es fácil de hacer a la primera. Es necesario hacerlo con la economía en crecimiento.
¿El euro, que está tan caro frente a otras economías, no supone una restricción adicional?
El euro tiene un problema, que no es tanto del euro como restricción competitiva, sino del euro como instrumento incompleto. Porque tenemos una moneda única, tenemos una política monetaria única -con el Banco Central Europeo que fija una tasa de interés para todo el mundo igual, que de hecho nos ha permitido salir de la crisis... tarde, pero salir al fin-, pero no tenemos elementos fiscales comunes.
Por ejemplo, cuando en 2008-2009 entramos en crisis, en España la situación era mucho más grave que en el centro de Europa por culpa de la explosión de la burbuja inmobiliaria. Eso requería que en España hubiera elementos fiscales contracíclicos que hubiesen podido compensar, solamente aquí, esa destrucción de empleo en la construcción. Porque de los tres millones de empleos que destruimos, dos millones estaban vinculados a la construcción.
No solamente las personas que trabajaban construyendo casas, la construcción es también toda la industria que provee para su equipamiento. Cerraron cientos de fábricas de electrodomésticos, de materiales, de aberturas. Había industrias que pensaban "No vamos a cerrar porque somos de alta tecnología, hacemos fibra óptica", pero claro, para que se venda fibra óptica hace falta construir nuevos barrios.
De hecho, fue la crisis inmobiliaria española la que luego provocó la crisis financiera y lo que, a su vez, generó la crisis de deuda. Aquí el problema no fue el mismo que en otros países, fue la consecuencia de apostar durante veinte años a lo inmobiliario.
España entre 2008 y 2015 destruyó el diez por ciento de su producto interno bruto y tres millones de empleos, de los que sólo recuperamos dos millones y de peor calidad.
¿Cómo se beneficiaría España de que haya una mayor coordinación fiscal?
Es al revés: si vamos a tener una política monetaria única, necesitamos políticas fiscales que permitan aplicar de forma diferenciada programas contracícilicos. Si en Alemania no tuvieron ese problema, fue porque no había tanta construcción. Mi punto es que no puedes con la misma medicina curar dos problemas distintos. Es de sentido común, si España debe hacer un ajuste, pues que la Unión Europea se encargue de invertir en la educación de los parados.
¿Y por qué Alemania, por ejemplo, accedería a costear el mal manejo fiscal de España, o su especulación inmobiliaria?
Sucede que estamos todos en el euro y la solidaridad se gestiona en los buenos días y en los malos días. Buena parte de la especulación de la construcción en España era de capitales centroeuropeos por todo el ahorro que generaban gracias a que su industria automovilística vendía sus coches en España, y eran los fondos de inversión de los bancos de toda Europa. De modo que no se puede tener una unión monetaria sin mirar en sentido integrado todos los elementos de un mercado único y encima con movimiento de capitales. La solución es completar el euro, no dinamitarlo.
¿Es decir no ir por la senda de Italia, que parece encaminarse hacia una ruptura?
No. Y hay otra serie de cuestiones que llevan sobre la mesa muchos años, por ejemplo, es inaceptable que empresas que operan en la zona euro tributen fiscalmente en países que son en la práctica casi paraísos fiscales como sucede con las multinacionales tecnológicas que están tributando en Luxemburgo o en Irlanda. Si estamos todos en el mismo mercado, pagamos todos lo mismo: si no, luego no hay recursos para otras cosas.
¿Es importante en términos cuantitativos la tributación que se pierde por el lugar de radicación de estas empresas?
Es importante porque va sumando, va sumando y resulta que España tiene una capacidad fiscal muchos puntos por abajo de la media europea y ves que Uber o Starbucks u otras empresas que aquí tienen grandes mercados y como hace Amazon, pagan sus impuestos en Irlanda. Entonces Irlanda puede ajustar menos su presupuesto, pero sin embargo España no.
¿Diría usted que estamos asistiendo a un cambio de tendencia en los gobiernos de Europa con el de Sánchez proponiendo un presupuesto expansivo y todavía mucho más fuerte en el caso de Italia? ¿Puede profundizarse esta tendencia o estamos ante episodios aislados?
Creo que no se puede vincular un cosa con la otra. En Italia han presentado un presupuesto que no respeta el Pacto Europeo de Estabilidad en un contexto de creciente euroescepticismo. Sería un disparate mayúsculo que Italia se alejase de la Unión Europea.
De hecho, la Unión Europea ha sido la garantía de estabilidad y crecimiento de Italia desde la adhesión, es un Estado fundador. En Italia lo que hay es un problema político gravísimo.
Sin embargo, ellos dicen "Con la Lira estábamos mejor".
Pues no, no es verdad. Es verdad que Italia lleva quince años sin crecer, que lleva quince años sin invertir en los italianos y en las italianas. Es un gobierno con muy mala calidad institucional, muy inestable, con una deuda pública gigantesca, donde no se han producido reformas para compaginar la protección de los ciudadanos y el trabajar para un futuro mejor. En Italia llevan demasiado tiempo viviendo de rentas. Y luego los argumentos que han prestado en Bruselas. Son populistas y falsos.
Por el contrario, el presupuesto presentado en el Parlamento español respecta el Pacto de Estabilidad, que puntualmente a lo que obliga es a no superar un nivel de déficit, pero los gastos pueden gestionarse como se quiera, siempre y cuando se respete esa diferencia pactada con el resto de los socios europeos. Y ahí, además es donde tenemos un problema de obstruccionismo político. Porque la Mesa de Parlamento está controlada por el PP y Ciudadanos, que están impidiendo que la mayoría de diputados que quieren sacar este presupuesto lo puedan hacer con la agilidad que el momento requiere.
Italia lleva quince años sin crecer, llevan demasiado tiempo viviendo de rentas y con una deuda pública gigantesca. Y ahora tienen un gobierno con muy mala calidad institucional, los argumentos que han presentado a Bruselas son falsos y populistas.
¿Usted dice que las objeciones que plantean desde el PP y Ciudadanos son más de índole política que técnica?
Exactamente. Han querido sembrar cierta alarma sin fundamentos económicos de fondo. Es verdad que son partidos que han hecho lo contrario cuando gobernaban. Particularmente para el Partido Popular, durante los siete años del gobierno de Mariano Rajoy la deuda pública aumentó casi en cuarenta puntos sobre el PBI, aumentó el gasto, aumentó la presión fiscal. Y sin embargo, ahora reivindica lo contrario. Con el PP, quedamos lejos de la media del gasto de la zona euro.
¿Cuán lejos está España del promedio de gasto social de Europa?
Si nos comparamos con Francia, pensemos que el total de su gasto público es del 55% del PBI contra algo más del 40% de España. Son datos de 2017, del gobierno de Macron al que nadie tildaría de izquierda, ni de chavista. Sucede que también tiene mayor presión fiscal con la que financiar ese gasto, ellos recaudan más del 47% de su PBI y nosotros poco menos del 33,9%. Así y todo, en materia de déficit la diferencia es menor: 2,6% del PBI de déficit contra el 3,1% aquí. Y eso sin tener en cuenta que su deuda pública es del doble que la española.
¿Por qué piensa que la lectura de los empresarios -en general- es que cualquier propuesta que vean con tinte expansivo los lleva a decir: "Este articulado con Podemos nos va llevar al populismo, al chavismo, al desastre económico"?
Como decía antes, Podemos ha evolucionado mucho. Al principio era un partido abiertamente "antisistema" y de hecho un componente de Podemos se llama "Grupo Anticapitalista" y eso generaba mucha desconfianza. Antisistema porque muchos de los líderes de Podemos no asumen el sistema de economía social de mercado con el más deseable para una sociedad como la española -cosa que yo no comparto-. Es normal que eso genere inquietud entre los ejecutivos, sean empresarios o de otro tipo.
Tampoco creo que a los empresarios haya que considerarlos de manera unívoca: los empresarios cuando actúan coordinadamente en sus asociaciones patronales defienden la economía social de mercado y al mismo tiempo defienden sus intereses. Y Podemos ha cuestionado elementos básicos de la economía social de mercado e incluso elementos básicos de la Unión Europea como ser el euro, la estabilidad presupuestaria, la política monetaria, se han cuestionado todo, hasta la mismo propiedad privada en algunos casos.
¿Diría que Sánchez en materia económica está en la misma senda que Felipe González?
Pedro Sánchez es un socialdemócrata clásico, economista, muy bien formado y no se distingue en nada de la corriente clásica del partido socialista. Lo que ocurre es que el contexto en el que está gobernando es muy distinto al que le tocó a Felipe González, que tuvo cinco mayorías absolutas consecutivas en el Parlamento. Pedro no tiene esa suerte.
En cada momento hay que acomodarse a la realidad y hemos aprendido mucho de la crisis. Nada de lo que está ocurriendo en el mundo, ni Brexit ni Trump, serían lo que son sin la crisis económica de 2008. Y aprendimos que se reaccionó tarde, que dejamos que en España la burbuja inmobiliaria creciera demasiado, se supervisó mal a los bancos, luego se monetizó contra deuda el déficit privado con el rescate a los bancos. Al final terminamos pagando con los impuestos una crisis que no generamos los ciudadanos, a costa de recorte sociales y también a costa del futuro de oportunidades.
Una persona puede soportar un recorte social un tiempo, puede soportar colas en la sanidad, o sea lo puede sufrir, pero lo que es muy duro también es renunciar a oportunidades futuras. Los recortes afectaron al futuro: el futuro ahora es peor que el futuro que imaginábamos hace diez años. Hay un sector que quedó muy debilitado. Ayer mismo se anunció el cierre de unas plantas industriales -las fábricas de Alcoa- con tantísimo capital fijo invertido. Si una empresa internacional así cierra, tenemos que preocuparnos. Algo de fondo no funciona bien.
Por eso tenemos que ser competitivos para garantizar bienestar y eso exige un Estado de bienestar potente, pero también una economía productiva fuerte. Y son estos los dos elementos que tenemos que combinar en el presupuesto. Perdimos mucho tiempo con el Partido Popular, tenemos que empezar a transitar ya un camino distinto, que sea europeo -no hay vida fuera de Europa-, distinto a lo que hicimos entre 1993 y 2008.

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29/10/2018 (3465)        compartir en facebook compartir en twitter compartir en G+ compartir en Whatsapp



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